10 oct 2010

SOLDADO DEL CIELO (I)

***SOLDADO DEL CIELO.

.1. El Lobo de Ónux.

   La inesperada noticia sacudió la fortaleza hasta sus mismísimos cimientos, al igual que el rayo que iluminó los aposentos del Gran Maestre. Un enorme ejército de elfos, aparentemente materializado de la nada, se aproximaba al puesto fronterizo de Gravia, sede provisional de la Primera División de Caballeros del Santo Patrón, pertenecientes al Primer Ejército de La Corona o Tercio de Dasmerala, el cual se hallaba ausente casi por completo _a excepción de esta orden de caballería, una unidad de arcabuceros, otra de mosqueteros y dos de rodeleros_, apoyando una acción militar aliada en la Marca del Norte.
   La Fortaleza de Gravia estaba comandada por el propio Gran Maestre de la Orden del Santo Patrón, Sergio DeLaSombra, también conocido como El Lobo de Ónux, Archiduque de Dasmerala, uno de los siete mayores héroes de La Corona y su mejor caballero. Como comandante en jefe de la fuerza, debía de acudir él mismo para apoyar la acción de sus aliados, pero no parecía muy problemática y pensó que bien podía ocuparse de todo Antonio DelClaro, su segundo al mando: un fiel veterano de grandes bigotes castaños, que había escalado posiciones gracias a su valor, ascendiendo desde ser un simple soldado raso hasta llegar al generalato. Era una buena elección y un premio adecuado para él.
La Orden del Santo Patrón era la verdadera élite del ejército de La Corona, el martillo que aniquilaba a sus enemigos, pero a diferencia de los ejércitos de otras naciones, esta élite estaba muy bien apoyada por grandes unidades de piqueros, alabarderos, rodeleros, mosqueteros, arcabuceros, cazadores, caballos coraza, cañones... y alguna excentricidad que a menudo resultaba muy útil, como los bárbaros ibenios, los ogros o los temidos gigantes de La Corona. Cada soldado tenía un puesto vital y se acostumbraba a realizar el propio trabajo sin mirar de reojo a sus principales unidades de élite. Los piqueros y rodeleros contenían al grueso del enemigo mientras las unidades de disparo les desgastaban y acosaban sin cesar. Entonces sí que la batalla la remataba la caballería pesada, entrando por el flanco, deshaciendo sus formaciones y, tras cogerlos desde la retaguardia, aniquilarlos por completo. Así funcionaba el ejército de La Corona, aunque de una manera más compleja, pues el uso de los cañones y gigantes hacía más sólida la estrategia general, pero resultaba muy compleja de explicar.
La noticia alcanzó al Gran Maestre completamente armado, ejercitándose en el patio de armas con tres de los rodeleros del Tercio; tras conocer la noticia, subió deprisa al torreón principal con dos de sus asistentes. Tras observar la polvareda levantada por el enemigo durante un momento, frunció el ceño y pidió el catalejo.

(incompleto...)

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